CON EL CARTEL A CUESTAS

        ¿Debemos o no, ponernos un cartel en la frente que diga: "YO SOY LUDOPATA"?

       Antes, cuando jugaba, tenia un cartel en la espalda, un cartel que yo no podía o no sabia leer, un cartel en el que la gente hacia sus pintadas.

       Ese cartel era grandísimo, pero yo no lo veía, aunque notaba su peso. Me colocaba frente a la máquina y daba la espalda a los demás (familia, amigos, etc.). Y la gente que te veía echar moneda tras moneda, aprovechaba la ocasión y escribía en el cartel: "ESE ES UN DEGENERADO. ES UN VICIOSO. ESTÁ TONTO. MIRA ESE JILIPOLLAS, ACABA DE SACAR EL PREMIO Y SIGUE ECHANDO...". Y muchas otras cosas que yo no leía, pues lo llevaba en la espalda.

       Ahora llevo otro cartel, que he escrito yo y que sigo escribiendo día a día; lo llevo puesto en la frente y en el pecho, donde lo veo yo y lo ven los demás, en ese cartel pone: " SOY UN JUGADOR EN REHABILITACIÓN, Y SE VIVE MUY FELIZ SIN JUEGO".

       Es un cartel que, al principio, cuesta escribir, pero luego no pesa y se lleva con agrado.

       No voy a volver a dejar que nadie escriba en el otro cartel de la espalda nunca más, porque no quiero fallarme a mí, ni a mi familia, ni a mis compañeros de la Asociación.

 

                                  MAYO DE 1.997

                                        FRANCISCO ROBLES GUISADO

                                        (NO SOY UN COMPLETO INÚTIL, POR LO MENOS SIRVO DE MAL EJEMPLO).

                                        JUGADOR EN REHABILITACIÓN

                                        AEXJER.

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Francisco Robles Guisado: "Buscaba excusas para discutir en casa y salir a jugar a las tragaperras" ( El Periódico Extremadura - 10/03/2011 )

 


 

PERDON Y GRACIAS

       Mi nombre es Luis, soy de Mérida provincia de Badajoz y llevo tres años en la Asociación AEXJER de Almendralejo.

       Todo empezó aproximadamente a principios del año 1.986, cuando por primera vez, después de desayunar en el bar que había enfrente de la oficina en la que trabajaba, se me ocurrió la idea de echar la vuelta en aquel artefacto con tantas luces que se encendían y se apagaban, y al momento salieron todavía más, ya que me tocó el premio; y así fueron pasando los días y días. Pero conforme avanzaba el tiempo aquel artefacto no se co0mportaba como los primeros días y tardaba más en dar el premio, por lo que el gasto era cada vez mayor y el tiempo que le dedicaba también.

       Nunca pensé que aquello iba a ser un problema, pero ahora, pensándolo fríamente, veo que te quieres inhibir de unos problemas y te metes en otros más gordos. Por aquel entonces hacia un año que había llegado de Madrid, donde ganaba bastante dinero, ya que trabajaba en tres sitios diferente y aquí, sin conocer nada, trabajando en un solo sitio y ganando aproximadamente unas 60.000 pesetas, todo me parecía un mundo que no estaba a mi alcance, pero aquello creí que me podía dar lo que necesitaba, ya que parecía la mar de fácil.

       Poco a poco aquello fue minando mi autoestima y empecé a pedir créditos a los bancos y a seguir jugando, claro está que cuando los plazos vencían no se pagaban, y por lo tanto lo que eran cinco se convertían en veinte. Mientras todo esto ocurría, yo iba conociendo otro mundo, aunque también paralelo a los artefactos con luces, el bingo, al cual empecé a ir al año de probar en las máquinas; aquí sí que se podía matar el tiempo bastante bien, pero se necesitaba más dinero y había que ingeniar la forma de conseguirlo para poder jugar.

       Fue entonces cuando pensé en cambiar de banco y como suelen decir los que ganan en el bingo, lo canté, ya que el banco donde cambié la nómina, me dio una tarjeta de crédito con la que podía disponer de dinero cada vez que me hiciera falta, sin necesidad de tener saldo en mi cuenta.

       Así me incorporé al mundo de los bingueros y por lo tanto a trasnochar, ya que hasta que no se cerraba no me iba, pero había que pensar lo que ibas a decir cuando llegaras a casa, y cada vez el ingenio había que agudizarlo un poquito más.

       Mis hijos por entonces eran aún pequeños, y mal que bien se iba tirando hacia delante, pero hubo un momento en el que temí hasta por mi trabajo, ya que cogí algo que no era mío y se dieron cuenta y me pusieron las cosas un poco mal, hasta el punto de tener que dejar las oficinas e irme a trabajar al campo; ahí tuve un poco de miedo, pero como dice el refrán, después de la tormenta siempre llega la calma y así ocurrió. Estuve un mes, o mes y medio, un poco recogido, pero como los ludópatas tenemos una mente, en el aspecto de la inventiva, bastante privilegiada, pues de nuevo me puse en la marcha y, dicho y hecho: como por entonces estaba de presidente de la comunidad del bloque donde vivía, ni corto ni perezoso, fui cogiendo dinero de la cuenta donde ingresábamos las cuotas de la comunidad y me iba con eso a jugar (a las máquinas y al bingo) hasta que tuve que dejar la presidencia y se descubrió la falta y tuve que pagarlo metiéndome en otro crédito en el banco.

       Lo que en este periodo de tiempo no llegué a ver, es que podía perder a mi familia, al igual que estaba perdiendo el dinero con el juego, pero eso todavía no llegaba a mi subconsciente, ya que yo estaba obsesionado con la forma de salir de las muchas, muchísimas deudas que tenía contraídas.

       Fue entonces, hacia el año 1990, cuando empezaron a salir a flote todas las deudas a través de sentencias judiciales y me embargaron la nómina y si ya se cobraba poco, con la retención que me hacían era para tirarse de los pelos. Pero yo seguía obcecado en conseguir el dinero a través de las maquinitas o del bingo y lo que hacia era engordar más las deudas.

       Así seguimos durante algún tiempo más, pero te das cuenta de que los niños se hacen mayores y ya no puedes ocultar algunas cosas que antes habías ocultado (riñas en le matrimonio, falta de dinero, etc.) y tienes que pensar en otras cosas, o mejor dicho de otra forma, ya que necesitan más cosas (libros, ropas, etc.) y si estas metido en este embrollo no puedes darle nada.

       Con mucho esfuerzo tuve que ir dejándolo un poco y empecé a trabajar en otro sitio, dando servicios de bodas (como camarero) y por ahí pudimos empezar a dar una carrera a mi hija, pero ya las cosas en el matrimonio no iban todo lo bien que se podía esperar, pero gracias a la persona que tengo a mi lado y que nunca me dejó, logré dejar el juego por mi cuenta y con mucha voluntad durante un año, lo dejé más bien por cabezonería y por demostrar que yo no necesitaba ayuda de ninguna clase, pero el año volví a recaer y me gasté cuatro mensualidades de los apartamentos que llevo en mantenimiento, y deje de pagar cuatro cuotas del coche que me había comprado.

       Entonces fue cuando entre mi esposa y una amiga (Emi), me convencieron para que fuera a recibir ayuda, ya que era lo que necesitaba y es aquí cuando conocí la Asociación y a los miembros que la forman y de la cual estoy orgulloso.

       Hoy por hoy mi ludopatía está superada, aunque no curada, ya que esto no ocurrirá nunca, pero por lo menos no tengo deudas, tengo dos hijos que tienen sus carreras, tengo un coche pagado, me he metido ahora en un chalet y lo más importante es que tengo a mi esposa, que siempre me apoya y siempre está conmigo. Para ella y por ella es por lo que hago esto que estoy realizando hoy. 

       Desde aquí quiero rendir un homenaje a mi amiga Emi (por su apoyo para decidirme a buscar la ayuda necesaria), a AEXJER por abrirnos sus puertas cuando lo necesitábamos, y a los profesionales, monitores y a todos mis compañeros de la Asociación.

       Un saludo para todos, y espero que este encuentro nos sirva para rehacer nuestras vidas y lograr que esas personas que nos apoyan cada día, puedan confiar un poco más en nosotros. GRACIAS.

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EL JUEGO DE MI VIDA

       Hola soy Fabi y soy ludópata, así nos presentamos todos. Llevo en AEXJER desde el día 8 de diciembre de 2.000 y pasando por distintos grupos y cursos he logrado ser monitor y ayudar a personas como yo, que era mi objetivo: rehabilitarme y ayudar.

       Mi historia creo que es como la de todos por eso hay que reducir algo. Primero empecé jugando a todo lo que se podía de pequeño, la tómbola de la feria, las maquinitas esas que le echabas 20 duros y con el gancho cogias el muñeco, bueno cuando yo jugaba eran 50 pesetas. Lo peor fue cuando empecé a trabajar y a manejar dinero. Empecé a entrar en bares de muy joven y a jugar a las tragaperras, porque veía que era muy fácil, jugabas te salían las pelas y hasta luego. Pues yo empecé así, a jugar porque tenia dinero, ganaba, echaba, etc. Hasta que la cosa con el tiempo se empezó a descontrolar.

       Ya casado eran todo disgustos y enfrentamientos, porque ya trabajaba y el dinero no llegaba a casa, vamos que era una dinámica muy absurda, lo veo ahora.

       Después, poco a poco, empezó a irse de las manos, yo sabía lo que pasaba, pero por miedo a no sé qué, yo seguía y me reprochaba noche tras noche lo tonto que estaba, etc., los cabreos cada vez eran más y el alejamiento con mi pareja también.

       Un día, el 4 de diciembre de 2.000, saltó la pólvora, por motivos familiares se descubrió el pastel, ¡vaya pastel¡. Esa noche se lo conté todo a mi mujer y le pedí por favor que me ayudara. Gracias a ella, sobre todo a ella, PEPI y gracias también a demás familiares, compañeros y amigos, ¡NO TODOS LOS AMIGOS¡, he conseguido salir de esta adicción o enfermedad y poder ayudar a otras personas con el mismo problema, siguiendo el ejemplo de aquella pareja, FEFI Y KIKO, que nos hizo la acogida en el año 2.000.

       Quiero terminar, porque si no estaría aquí escribiendo hasta cansarme, agradeciendo a todos los compañeros de AEXJER, tanto monitores, psicólogos, trabajadora social y enfermos, el apoyo recibido y una mención especial a la familia, suegra, madre, etc., a los amigos, no a todos, y sobre todo y en especial a mi mujer, PEPI, esa Pepi que sufrió tanto y que hoy la quiero un montonazo y que casi estuve a punto de perderla, GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, TE QUIERO MUCHO.   

(También mencionar a mi perro Tintín al que, aunque parezca raro, también le he hablado mucho de esto, le tengo mucho cariño y lo quiero mucho).